HOLLYWOOD Y YOUTUBE, O DE CUANDO LA TERCERA GUERRA MUNDIAL COMIENZA EN «GEORGIA»

Por jl Monzantg
(Lahaine.org, 14-8-2008)

Para Antonio Soto Ávila

Lo cierto es que, en Hollywood –maestra de historia universal de grandes y chicos–, los malos se ajustan a los enemigos reales (o deseados o deseables) del gobierno de turno de EE.UU.

Desde hace un tiempo, algunas décadas, Hollywood escribe los futuros más posibles, y los más deseables, para quienes diseñan y regulan la economía, la política y la cultura mundial. Parte importante de esa propaganda oficial –y oficiosa– consiste en que nos preparan y nos acostumbran a lo que aún no ha sucedido.

La idea básica a la que nos quieren acostumbrar, en el caso del video colgado en YouTube –video titulado “Tercera Guerra Mundial”, y presentado en tres partes de unos siete minutos–, es que Rusia es el agresor. Véase lo que, en suma, dice el video: Rusia, el gigante, atacó a la diminuta Georgia (naturalmente no habrían dicho que Georgia atacó Osetia del Sur); Rusia lanzó las primeras ojivas nucleares, Rusia empezó la tercera guerra mundial, Rusia es el malo a vencer, Rusia causó todo ese dolor y todas esas muertes (poco más de la mitad de la población mundial); fue Rusia quien primero atacó suelo estadunidense y europeo, y –deseos pueriles de la Casa Blanca, magia mediática o aritmética geopolítica– Rusia va sola a su guerra contra el mundo.

“Que quede claro”, parece decir el video con insistencia novelesca, “fue Rusia quien nos llevó a este punto sin retorno al negarse a negociar con las otras potencias”; “ya saben, rusos, ustedes destruyeron el planeta”. Una obviedad resultante: Estados Unidos sólo se defendió y evitó –casi con predestinación divina– que los impíos sometieran a los «débiles» (léase sus aliados, enemigos de su enemigo de turno); y, más obvio aún, Estados Unidos no es responsable de semejante hecatombe: contaminación radioactiva, efecto invernadero posnuclear, hambre, enfermedades.

Que el video haya sido colgado en YouTube dos meses antes de «la batalla por Osetia del Sur» (fue colgado exactamente el 12 de junio de 2008, por Kanito Bob), y que llama la atención de mi buen amigo Roberto López Sánchez cuando, Google mediante, pretende buscar las diferentes versiones del asunto; pues no me resulta, para nada, sorprendente. Samuel Huntington publicó, en 1993, lo que comenzó a suceder a partir del 11 de septiembre de 2001. (¿Casualidad?, difícil, diría alguno; no existe, argumentaría otro.) Y que, por cierto, Hollywood hizo una versión edulcorada de ese libro de Huntington (“El choque de civilizaciones”), película que bien puede ser incorporada como parte importante de la didáctica audiovisual para explicar a los más jóvenes y a los que ya no lo son tanto, pero que, por alguna causa o dos, aún necesitan que se les explique lo obvio: el papel de los medios de comunicación antes, durante y después de las guerras de hoy y las de mañana.

La película la titularon “Wag the dog” (algo así como “Menear al perro”), pero en América Latina, por lo menos en Venezuela, la conocimos como “Mentiras que matan”, y en España “La cortina de humo”. Para cerrar esta idea, lo cierto es que los tres títulos son bastante gráficos y la película muy sugestiva, puesto que hermana en escena a un productor de Hollywood (Dustin Hoffman) con un representante de los Think tank estadounidenses (Robert De Niro), y con una periodista de la Casa Blanca –burócrata y carente de ideas, por más señas– que se encarga de «sacar al aire» lo que aquellos dos «producen».

Todo lo hacen para levantar la cortina de humo necesaria para que el presidente de Estados Unidos –acusado de haber acosado sexualmente a una jovencita en la vieja oficina oval– gane la reelección con más votos de lo que se esperaba. ¿Qué producen?, ¿cómo lo hacen? Cosa sencilla: inventan una guerra con Albania, una guerra que nunca existió más allá del noticiero (léase CNN), y con una campaña publicitaria digna de un matrimonio de tres entre McDonald, Coca Cola y la entrega del Oscar, que, durante once días, entretiene a los electores despertando su fervor patriótico (y electoral), pues unos terroristas albaneses (que es como decir musulmanes) querían atacar su país –los Estados Unidos de América– con armas nucleares.

La apretada síntesis sobre “Mentiras que matan” (de Barry Levinson, en 1996) me permite insistir en que, con casi una década de anterioridad, Huntington prepara el terreno para que los musulmanes sean los «malos» de principio del siglo veintiuno. A lo largo del siglo veinte los malos variaron de una década a la otra, a veces se movían demasiado rápido y no duraban un lustro en «cartelera». Esto se ve de manera notable en la saga James Bond: durante más de cuarenta años, han desfilado chinos, rusos, alemanes, negros, cubanos y norcoreanos, entre otros, mientras que en el James Bond de 2008, por ejemplo, entre los malos figuran los ¡¡bolivianos!! Esto me recuerda que, en momentos en que Venezuela es considerada miembro del eje del mal, un actor de nacionalidad venezolana real ha aparecido como el malo en otra saga (“Bourne”, con Mat Damon), por lo que el momento llega en que se lo ve como caraqueño exportador de terroristas que atacan Bogotá o financian guerrilleros vinculados con alguna red terrorista transnacional muy cara al gobierno de Estados Unidos.

Lo cierto es que, en Hollywood –maestra de historia universal de grandes y chicos–, los malos se ajustan a los enemigos reales (o deseados o deseables) del gobierno de turno de Estados Unidos. Nada bizantino resulta que en “La momia 3” (The Mummy: Tomb of the Dragon Emperor) el malo de folletín es Jet Li, un emperador chino descafeinado que resucita en el siglo veinte (muy cerca del momento en que Mao Tse-Tung toma el poder, por cierto) con el perverso propósito de conquistar el mundo. Tan importante como el argumento resulta que el estreno de la película coincide con la inauguración de los juegos olímpicos de Pekín.

Visto así, a partir del momento en que los rusos se recuperan económica, políticamente y moralmente; cuando comienzan a detener el desmembramiento territorial fronteras adentro (y, en la transfrontera, el desbarajuste de su viejo patio, de su añejo espacio vital), y a reclamar su rol de potencia competidora; vuelven a ser los enemigos reales, deseados y mediáticos.

Cierto es, también, que Hollywood resulta melodramáticamente predecible. Por ejemplo, Hollywood destruyó, infinidad de veces, el Empire State, ícono espiritual de Nueva York, donde King Kong hizo de las suyas, temprano, en 1933; mucho después fueron destruidas las Torres Gemelas, otro ícono de la misma ciudad. Otro ejemplo: por lo menos desde los años noventa, o así lo recuerdo, Hollywood ha exhibido a un negro en la Casa Blanca; curioso es que, también recuerdo, ese presidente negro ocupaba la Casa Blanca en un momento no tan blanco.

Barak Obama es tributario de una realidad que dejó de ser cinematográfica para convertirse (para muchos) en catastrófica. Todo forma parte del guión, de un «espíritu» universal que el mismísimo Hegel no habría prefigurado mejor. Las cosas deben suceder según lo previsto y en algunos casos realidad y argumento encuentran armonía e identidad. La curiosa lógica estadunidense parece decir: primero los abultamos de miedo (eso sí, con elegancia, con arte, y, no faltaba más, con cotufas); luego los hacemos soñar pesadillas, y después, pues, los despertamos: ¡sorpresa, todo es real!

En el caso que nos ocupa –el video colgado en YouTube–, la Tercera Guerra Mundial ya sucedió y fue causada por la invasión rusa a Georgia. Lo que sigue es la estrategia de todos los días. Estados Unidos interviene para ayudar a un país aliado (y liado, atado, amarrado hasta el cuello a los intereses de Washington, como es el caso del presidente Saakashvili, de Georgia); interviene primero diplomáticamente, después a punta de misiles convencionales; los ánimos se irritan por las desmesuras del otro (léase, de Rusia), hasta que, finalmente, son ojivas nucleares las que caen de ida y de vuelta; lluvia de ojivas salidas desde confines subterráneos, subacuáticos, surreales. Todo esto sucede después de que CNN y sus sucursales en el mundo, así como no pocos académicos, tienen ya semanas, meses, años «explicando» lo que debe pasar, cómo debe pasar, si Estados Unidos no ayuda al «desvalido». Por lo general, ese desvalido tiene petróleo, gas, uranio, agua o, simplemente, su posición geográfica es de gran valor para los intereses geopolíticos estadounidenses.

Nada nuevo bajo el sol. La región, dominada por la cordillera del Cáucaso, además de una posición estratégica apetecible para las bases militares de la OTAN –pues hasta ahí llega Rusia en su punto más austral, en su extremo sur, y cerca, muy cerca, está Irán–, tiene recursos energéticos y es zona de paso del sistema nervioso de la economía rusa: gasoductos. Adobada con petróleo, carbón, cobre, plomo y manganeso, la región es, además, un hervidero etno-religioso con identidades milenarias sometidas a la pugnacidad política entre europeo-cristianos, árabe-musulmanes, soviéticos, y ahora estadounidenses que avivan los nacionalismos y el autonomismo. Esto fue cimiento y doctrina para que Georgia, Armenia y Azerbaiyán se separaran de la ahora inexistente Unión Soviética; y para que, de regreso, comenzaran las batallas para evitar que naciones como Osetia, Abjasia y Chechenia regresaran a Rusia.

En la lógica del video, la apacible y rural Polonia –otra vez Polonia, víctima inerme, inerte, aunque no imberbe, de potencias belicosas como la Alemania nazi y la Rusia pos-soviética– entra en escena como carne de cañón para comenzar otra guerra mundial. (Esto de guerra mundial es un sinsentido validado por la fuerza mediática del nombre y de la costumbre, y de los interesados en que así sea vista. Lo cierto es que las dos anteriores fueron guerras entre Europa, Asia y Estados Unidos, entre las potencias, pues, para ver a cuál de ellas le tocaba llevar las riendas; y la posible tercera va por el mismo camino.)

En este caso, Polonia es atacada por Rusia debido al diferendo geoestratégico ocasionado por el sistema de «Defensa Antimisiles» estadounidense. Lo curioso es que, en el video, Rusia recurre a ideas y prácticas muy a la usanza de Estados Unidos e Israel (y últimamente Colombia). Me refiero al «ataque preventivo» que queda legitimado, así, por actores ajenos e incluso rivales de sus proponentes iniciales. Y llegamos al allegadero, al momento en que la yunta es puesta en su santo lugar: Israel también entra en escena y, por fin –hay sueños que sí se realizan, es cierto y también hay que decirlo– ataca el Medio Oriente sin tener que dar explicaciones; pero, víctima de todos los días, y siempre según Kanito Bob, es borrada del mapa por los árabes.

Por su parte –este video para todo da, eso también es cierto–, Estados Unidos resuelve el problema de los inmigrantes mexicanos de la manera soñada (soñada por ellos, los estadounidenses): a balazos. “La fábrica de sueños” sigue haciendo magia. Mientras la inestabilidad y los golpes de Estado abundan en los países no participantes y el Medio Oriente ha sido borrado; Georgia, epicentro de la guerra, aún tiene combatientes. Cuánto nos puede recordar esto al héroe que salta y brinca, golpea y es golpeado sin despeinarse siquiera. El planeta arrasado y los georgianos combatiendo. Con razón Saakasvili dijo “hasta la última gota de sangre”.

Georgia, la excusa perfecta, en el momento perfecto, es un aviso de ese futuro deseable para la potencia hegemónica. El comportamiento de Estados Unidos me devuelve a los ratos de la infancia, cuando jugábamos metras («bolitas» le decíamos) en el callejón Victoria donde vivía. «Por el que me lleve», ese era el grito de guerra cuando ya estábamos bravos unos con otros («picados», le llamábamos); cuando ya se habían roto las alianzas forzadas, forzosas y hasta mañosas, y venía la hora del todos contra todos, apuntando contra propios y extraños. Claro, cuando ya la cosa era insalvable, cuando uno de los «picados» se sabía perdedor irremediable, entonces el «más vivo» de la cuadra nos sometía a todos a la pantagruélica «leva», y se llevaba, en dos segundos, de sopetón y a zancadas, lo que habíamos cosechado durante una hora, dos, o media mañana. Con la pueril revancha parece lidiar la potencia mejor armada de la historia. Bajo semejante dogma de fe maneja su política exterior y nuestro futuro.

El historiador Paul Kennedy argumenta que una de las causas de la caída de las grandes potencias se debe al desvío de fondos productivos a un aparato militar insostenible, para guerras insostenibles, en territorios insostenibles. Entiendo dos cosas. Estados Unidos llegó a ese momento y ahora pretende arrastrar a Rusia –otra vez– a ese conocido escenario. Digo otra vez porque sabido es que la carrera armamentista fue célula básica en la descomposición de la Unión Soviética.

Me gustaría ver un mundo sin potencias usando paisitos para dirimir sus asuntos pendientes (la Guerra Fría está que arde), con la muerte de miles y millones de seres inocentes, y algunos no tanto, que eso implica. Mientras eso no sucede, mientras la estrategia económica y militar está en primer plano; Hollywood deja de ser «La fábrica de sueños», la gran maestra de historia universal, para convertirse en arquitecto de la tercera guerra mundial.

Una promesa nos deja el video de Kanito Bob: si Estados Unidos cae, caemos todos.

El video:

Tercera Guerra Mundial. 1ª Parte
http://es.youtube.com/watch?v=1MwbXeoinMY&feature=related
Tercera Guerra Mundial. 2ª Parte
http://es.youtube.com/watch?v=vTPhPlX6PDQ&feature=related
Tercera Guerra Mundial. 3ª Parte
http://es.youtube.com/watch?v=2J1uKvXtmDU&feature=related

* Monzantg es ensayista, historiador, docente de Geopolítica por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Maracaibo, Venezuela), y autor de Las trampas de la historiografía adeca, y de otros ensayos.

La Haine