RAMÓN PALOMARES (Escuque, Venezuela, 1935). Poeta y maestro. Profesor de la ULA. En su poesía vive la palabra oral, las tradiciones, los saberes del pueblo de los Andes venezolanos. Paisano (1964), Adiós Escuque (1974) y Santiago de León de Caracas (1967) son tres de su obras fundamentales. Formó parte de los grupos literarios venezolanos «Sardio» y «El techo de la ballena». Premio Nacional de Literatura (1974); Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora (2006).
De Paisano (1964)
«El Sol»
Andaba el sol muy alto como un gallo
brillando, brillando
y caminando sobre nosotros.
Echaba sus plumas a un lado, mordía con sus espuelas al cielo.
Corrí y estuve con él
allá donde están las cabras, donde está la gran casa.
Yo estaba muy alto entre unas telas rojas
con el sol que hablaba conmigo
y nos estuvimos sobre un río
y con el sol tomé agua mientras andábamos
y veíamos campos y montañas y tierras sembradas
y flores
cantando y riéndonos.
Allí andaba el sol
entre aquellas casas, entre aquellos naranjos,
como una enorme gallina azul, como un gran patio de rosas;
caminando, caminando, saludaba a uno y a otro lado;
hasta que me dijo:
Mi amigo que has venido de tan abajo
vamos a beber
y cayó dulce del cielo, cayó leche hasta la boca del sol.
*****
De Adiós Escuque (1974)
«Nativos»
Nacimos en ese pueblo donde la gente vive preguntando por los de lejos
-Eufrasio –Démen razón de Eufrasio
-Ustedes no me han visto a Eufrasio?
Ai se reían los otros y se iban al momento
No sabían otra cosa.
Lo que hay son puros extraños
gente forastera que beneficia animales y los cuece de una vez
para vender.
Nosotros pasamos preguntando por una tierra
-Hágame el favor Qué es lo que queda aquí?
Cómo llaman por estos lados?
Nombres distintos siempre
Dentro de un tiempo. ¡Ni quien nos entienda!
Íbamos buscando esa tierra
Lo que antes eran caídas de aguas, musgos, olor de bostas
Ai íbamos
-No señor, que aquí no le conocemos esas iglesias azules
esos animales
Lo de por aquí no es nativo, viene de lejos
Son nubes
El alma de uno iba extrañándose
Se alejaba.
Veces que se estaba demasiado
Nos parecía prestada
-Decíme corazón ¿Dónde estamos?
Ya no estábamos
Éramos una gente que iba caminando
Unos buscábamos un pueblo, una tierra
Otros ya no
Y cuando mirábamos abajo
Pues allí estaban esos poblados
Ventas
gentes forasteras que vendían carne sacrificada, dulces, hojalatas
Y se veían apretujados, unos encima de otros
Humeaban
Sacaban chispas
Decirle a su alma:
-Esto no es ni la sombra!
-Cuidado con quedarse!
Nos agarran por el pescuezo y nos sacuden de cabeza!
Mírenme esto:
Lo que una vez fuera un valle de truenos
ya no es más que siseo.
Otros tomaron los caminos, el agua, los lugares de airearse
Quemazones era lo que se divisaba
Troncos de cedro y apamate y toda madera
iban por los días y las noches arreando hacia las construcciones
Peladeros quedaban
Pobres chamizales
y un gran calor.
Por debajo nos sacaban la sangre,
Por los pies se nos iba,
Sangre de uno a los remotos mundos…
Tristeza sí.
Tristeza de sentirse andando sin saber
Qué dóndes, que fines, qué muertes y qué purgas
Son.













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