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Archivos de: Enero 2007

AQUILES NAZOA

por Berta99 @ 23/01/2007 - 09:32:08 pm

AQUILES NAZOA (Caracas, 1920-1976). De familia muy pobre, desde muy pequeño ejerció los más variados oficios (repartidor de bodega, aprendiz de carpintero, telefonista y botones del Hotel Majestic). A los 12 años hablaba perfectamente inglés, por lo cual trabajó como intérprete y guía de turistas. Al morir su padre se traslada con su madre y sus hermanos a Puerto Cabello, donde se inicia como periodista; fue director del diario El Verbo Democrático (allí publicó sus primeros versos); su trabajo le costó la expulsión del estado Carabobo; posteriormente fue encarcelado por el régimen de López Contreras. Trabajó en Últimas Noticias y El Nacional (cuando éste era un periódico), donde publica «A Punta de Lanza», una columna en verso. Trabajó en el semanario humorístico El Morrocoy Azul. Fue director del semanario Fantoches (1947). Poeta, humorista y militante revolucionario, la dictadura de Pérez Jiménez lo expulsa del país en 1956. Regresó a Venezuela en 1958 para luchar por los derechos del pueblo frente a la «democracia representativa». Fue Premio Nacional de Periodismo (1948), Premio Municipal de Prosa (1967). Su premio mayor: el eterno reconocimiento de su pueblo.

De Humor y Amor (1971)

...un cuento ...

Las Muñoz Marín salen de compras

En Sears una señora andaba como una hormiga loca sin resolverse por nada, cuando se topó con otra señora que también andaba como una hormiga loca.
-Guás, niña, óuh, tú por aquí? Yo te hacía en la vieja.
-¿Cuál vieja?
-La Vieja Uropas.
-Pues no. A última hora resolvimos dejar el viaje para el año retropróximo venidero. ¿Y tus, qué haces por aquís?
-Ay niña, loca buscando un fulano papel tualé de Navidad que no se consigue. ¡No sé cómo van a hacer pupú esos niños este año!... ¿Y esos discos que llevas ahí, qué son?
-Música plástica. Tú sabes que a Freddicito le ha dado por la música plástica desde que vio el Valle Ruso en Nueva York. Aquí le llevo la Sífilis de Chaplín, La Hipotética de Charcosqui, y una sinfonía de Schubert que me dieron más barata porque le falta un disco.
-¿Y eso fue todo lo que compraste? ¿Por qué no compraste la Novela de Beethoven el Divino Sórdido?
-Ya la tenemos. Freddicito la compró en Nueva York tocada por la orquesta de Arturo Brinquinini. También tenemos El Mascanueces, El Lago de los Chismes, El Manubrio Azul y una ópera que se llama Tristán y la Sorda de la Warner Bros.
-Niña, pero entonces ustedes tienen una discoteca completa.
-Y eso que tú no has visto la billoteca. ¡Tenemos una billoteca!... Todas las noches me pongo mis anteojos jazzband, abro una caja de manzanas y me acuesto a leer Don Cipote de la Mancha en inglés. ¡A mí me encanta Don Pipote!
-Tendrán muy buenos libros, ¿verdad?
-Naturalmente. Todos están forrados en cuero. Vamos hasta ahí, que estoy buscando unas velitas de vidrio de esos que tienen agua hervida por dentro y echan bombita.
-¿De esas que parecen unas ampolletas rosadas?
-Yes… ¿Verdad que son un sueño? Figúrate que Freddicito trajo dos cajas de Nueva York, ¿y tú crees que queda una para remedio?... Todas las hemos ido regalando entre nuestros amigos más ínfimos. Y a mí me dislocan esas condenadas velitas. Para ponérselas a las tortas de cumpleaños están soñadas. Uno las sopla y no se apagan como las otras.
-Ahí las tienes…
-Ah sí… (Llamando). Esteeem… ¡Mire, señorita! (Ahí viene. Pregúntale tú a cómo son).
-¿Very moch bolívar biútiful general eléctric merry critsmas?
-¿Cómo es el golpe?
-Ay, chica, como que no entiende. Esa mujer es nativa. Mire, señorita, ella le está preguntando que a cómo son esas velitas. (Qué horror, qué servicio tan pésimo; no sé como a estos americanos tan prácticos que son se les ocurre poner nativas a atenderle a uno. En Estados Unidos todas las dependientas de tienda saben hablar inglés).
-¡Ay, mira quién viene allá!
-Ay, qué sorpresa. Cuchi Mogollón. Me privo. (Llamando). ¡Come jía, Cuchi!
-Jalóu!... ¿Pero qué hacen ustedes aquí? Yo las hacía en la Exposición de Huérfanos. ¿Ustedes no y que eran del Comité Organizador, pues?
-Yo sí, pero tuve que renunciar porque no me ha quedado tiempo para nada. Primero, despidiendo a William Guillermo que se fue para Mayami Flórida; después, recogiendo levitas viejas para los niños pobres: Total, no he tenido tiempo para nosing at oll.
-Yo también renuncié al Comité. No me he sentido muy bien después de aquella botella de ponche crema que nos tomamos el otro día en el desayuno. Bueno, Cucky, ¿y cómo está tu marido?
-Guá, niña, en Estados Unidos. Tú sabes que a él lo mandaron en una Micción. Es que los dos gobiernos van a celebrar conjuntamente este año el fifticentenario del Natalicio de la muerte del Libertador, y él va a pronunciar la oración lúgubre.
-¡Ay, prívense! ¡Miren aquella americana que viene allá!
-¡De veras, niña! ¡Qué musiúa tan elegante! ¿Verdad que se parece a Majarete Truman?
-Bueno, yo las dejo. Voy a ver si me cambian un tráveler para comprar aquel juego de rinocerontes de yeso parados en dos patas. ¿Verdad que están soñados?
-Son fantásticos. Bueno, yo también me voy. Freddicito debe estar esperándome para ir a la piscina a practicar un poco de nutrición. Mañana damos un almuerzo criollo en casa. No dejes de ir por allá para que te tomes aunque sea una copita de mondongo. Babay…
-Gubay…
-So long…
-Ariós!...
-Iúuju!...
-Iuju…
-Jasta luegou!…

...y un poema...

La mujer del futuro

Un modisto parisino
lanzó el anuncio anteayer
de que el busto femenino
tiende a desaparecer.
Las mujeres del mañana
-dice el modisto agorero-
tendrán la pechera plana
como cualquier caballero.
Y añade que las muchachas
que habrá en el año dos mil
serán muchachas más machas
que cualquier jefe civil:
Recia voz, cara amarrada,
su “mula” en el pantalón
y un puño al que no hay quijada
que le aguante un pescozón.
Con esas damas sin busto
y empaque tan varonil,
¡qué mundo tan de mal gusto
será el del año dos mil!
Menos mal, caro lector,
que para ese año bendito
ya no queda ni el polvito
de un seguro servidor.


 
 

VÍCTOR VALERA MORA

por Berta99 @ 17/01/2007 - 10:18:49 pm

Víctor Valera Mora (Venezuela, 1938-1984). Poeta; conocido como el Chino Valera Mora. Nace en Valera, estado Trujillo, y allí transcurre su niñez. Estudia Sociología en la Universidad Central de Venezuela. En los años 60 participa en las actividades de la izquierda venezolana. Funda La pandilla Lautreamont, formada, entre otros, por Mario Abreu, Ángel Eduardo Acevedo, Caupolicán Ovalles y Luis Camilo Guevara. Trabajó en la ULA, en el CONAC, y en la biblioteca ambulante de los Ovalles, conocida como La gran papelería del mundo. Fue Premio CONAC de Poesía en 1980. De él dice Earle Herrera: «Pertenece el poeta a una generación que en la década violenta del 60 intentó tomar el cielo por asalto, y en el intento, se jugó la vida y la palabra». Y Javier Lasarte que «…fijó versos y poemas para la memoria de muchos; fijó, también y sobre todo, un modo de decir poético…». Fundarte publicó sus OBRAS COMPLETAS (Caracas, 2002).

De Amanecí de bala (1971)
(fragmento)
III
Ellos pensaban que Ezequiel Zamora había concluido para siempre
y nunca más el planteamiento de su cuchillo y desmesurado corazón
regresaría a hurgar la paz de los oligarcas
Pero no todos los muertos viajan tranquilos
a algunos molesta estar ahí sin hacer nada
e insisten con terquedad
y regresan a presidir los nuevos combates
a dilucidar el asunto que los vistió de ausencia
Ved al guerrillero mal herido al padre de todos nosotros
crepitando en los últimos carbones federales
cómo rebotaban sus huesos sobre la tierra
cómo dieron fuego al pajonal
cómo hoguearon los límites del hombre
Vedlo en traje verde oliva
por montes y calles más terrible
que los que hoy matan y se lavan las manos
y confiesan los días de guardar para purgar sus penas
Mas es cierto es reconocido
la caída en el sitio de San Carlos
fue una jugada de mala ley
pero olvidaron enterrar el sonido de sus sienes veladas
Zamora cabalga señores
ya los dientes del pueblo
están royendo los muros de vuestro reino
y no es el desarropado ni el sordo ni el ciego de ayer
ahora tiene bandera poetas y metal organizado

Recojan la cosecha de vientos que sembraron
Y la igualdad fraternidad y libertad que dice la Constitución
se las van a tener que tragar por los ojos
Porque estamos cansados de tanta miseria y circo
y vamos a meterle un balazo en la cabeza al estado de cosas existente
Eso que llaman Derecho Natural
tendrá mortaja y tumba bajo el aire de nuestra decisión
porque sabemos dirigir el fusil
y la dinamita nos es familiar hasta la audacia
La democracia representativa apesta ya
como un presagio de azufre quemado
el gavilán de la insurrección revolotea sobre las candelas
y está esperando allí está esperando
y bajará y conocerá vuestros despojos
el día del desagravio ante las armas congregadas
Abrid las compuertas del miedo oligarcas
porque la paz no será con vosotros
Zamora cabalga en el incendio
y somos lo que sucede la posibilidad del porvenir

De 70 poemas stalinistas (1979)

«Ritornello»

Hoy amanecieron bien hermosas las mujeres
Hermosas amanecieron todas las mujeres hoy
Hoy es un viernes de hermosura
y yo ando loco de contento de este hoy
porque voy a hacer el amor con la más bella
de todas las hermosas mujeres de hoy

«Saber a qué atenerse»

A estas alturas de la existencia
quien me quiera pasar
para la democracia representativa
le voy a meter un panfleto por las narices
para que sepa cómo se bate el cobre
en las pailas más luciferinas

«El amor loco»

Uno ama a su novia Es decir yo amo a mi novia
Si el malentendido anda al acoso digo yo amo
bastantote a mi novia
Yo soy el giro que gira con sangre y carne y huesos
y plumas doradas alrededor del sol
de mi novia
Satélite que de mi novia soy yo y mi novia es bien bella
y bello es quererla
Así como la quiero de elegante y hermoso que soy
en seis días hago a mi novia y el séptimo no descanso
porque la sueño
y hablando como los cuerdos me veo
tan jilacho
y tan majincho que todo yo mismo me doy risa

FELISBERTO HERNÁNDEZ

por Berta99 @ 12/01/2007 - 05:34:38 pm

FELISBERTO HERNÁNDEZ (Montevideo, Uruguay, 1902-1964). Pianista y escritor. Compositor, entre otras, de: Canción de cuna, Primavera, Negros, Crepúsculo. Por 1940 dejó su carrera de pianista y se dedicó a la literatura. Entre sus obras: Libro sin tapas (1929), Nadie encendía las lámparas (1947), Las Hortensias (1949), La casa inundada (1960).

«La pelota»

Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita pobre. Una tarde le pedí muchas veces una pelota de varios colores que yo veía a cada momento en el almacén. Al principio mi abuela me dijo que no podía comprármela, y que no la cargoseara; después me amenazó con pegarme; pero al rato y desde la puerta de la casita –pronto para correr- yo le volví a pedir que me comprara la pelota. Pasaron unos instantes y cuando ella se levantó de la máquina donde cosía, yo salí corriendo. Sin embargo ella no me persiguió: empezó a revolver un baúl y a sacar trapos. Cuando me di cuenta que quería hacer una pelota de trapo, me vino mucho fastidio. Jamás esa pelota sería como la del almacén. Mientras ella la forraba y le daba puntadas, me decía que no podía comprar la otra y que no había más remedio que conformarse con ésta. Lo malo era que ella me decía que la de trapo sería más linda; era eso lo que me hacía rabiar. Cuando la estaba terminando, vi como ella la redondeaba; tuve un instante de sorpresa y sin querer hice una sonrisa; pero enseguida me volví a encaprichar. Al tirarla contra el patio el trapo blanco del forro se ensució de tierra; yo la sacudía y la pelota perdía la forma: me daba angustia de verla tan fea; aquello no era una pelota; yo tenía la ilusión de la otra y empecé a rabiar de nuevo. Después de haberle dado las más furiosas ‘patadas’ me encontré con que la pelota hacía movimientos por su cuenta: tomaba direcciones e iba a lugares que no eran los que imaginaba; tenía un poco de voluntad propia y parecía un animalito; le venían caprichos que me hacían pensar que ella tampoco tendría ganas de que yo jugara con ella. A veces se achataba y corría con una dificultad ridícula; de pronto parecía que se iba a parar, pero después resolvía dar dos o tres vueltas más. En una de las veces que le pegué con todas mis fuerzas, no tomó dirección ninguna y quedó dando vueltas a una velocidad vertiginosa. Quise que eso se repitiera pero no lo conseguí. Cuando me cansé, se me ocurrió que aquel era un juego muy bobo; casi todo el trabajo lo tenía que hacer yo; pegarle a la pelota era lindo; pero después uno se cansaba de ir a buscarla a cada momento. Entonces la abandoné en la mitad del patio. Después volví a pensar en la del almacén y a pedirle a mi abuela que me la comprara. Ella volvió a negármela pero me mandó a comprar dulce de membrillo. (Cuando era día de fiesta o estábamos tristes comíamos dulce de membrillo). En el momento de cruzar el patio para ir al almacén, vi la pelota tan tranquila que me tentó y quise pegarle una ‘patada’ bien en el medio y bien fuerte; para conseguirlo tuve que ensayarlo varias veces. Como yo iba al almacén, mi abuela me la quitó y me dijo que me la daría cuando volviera. En el almacén no quise mirar la otra, aunque sentía que ella me miraba a mí con sus colores fuertes. Después que nos comimos el dulce yo empecé de nuevo a desear la pelota que mi abuela me había quitado; pero cuando me la dio y jugué de nuevo me aburría muy pronto. Entonces decidí ponerla en el portón y cuando pasara uno por la calle tirarle un pelotazo. Esperé sentado encima de ella. No pasó nadie. Al rato me paré para seguir jugando y al mirarla la encontré más ridícula que nunca; había quedado chata como una torta. Al principio me hizo gracia y me la ponía en la cabeza, la tiraba al suelo para sentir el ruido sordo que hacía al caer contra el piso de tierra y por último la hacía correr de costado como si fuera una rueda.
Cuando me volvió el cansancio y la angustia le fui a decir a mi abuela que aquello no era una pelota, que era una torta y que si ella no me compraba la del almacén yo me moriría de la tristeza. Ella se empezó a reír y a hacer saltar su gran barriga. Entonces yo puse mi cabeza en su abdomen y sin sacarla de allí me senté en una silla que mi abuela me arrimó. La barriga era como una gran pelota caliente que subía y bajaba con la respiración. Y después yo me fui quedando dormido.

LYDDA FRANCO FARÍAS

por Berta99 @ 02/01/2007 - 12:22:49 pm

LYDDA FRANCO FARÍAS (San Luis, Edo. Falcón, Venezuela; 1943-2004)
Poeta. Vivió en Maracaibo, su tierra, desde 1963. Premio Regional de Poesía (1995). Entre otros libros: Summarius (1985), Recordar a los dormidos (1994), Bolero a media luz (1994), Antología poética (2002). De Lydda escribió José Javier Franco que «lo que persigue es el incendio de su voz, el desgarramiento del verso.». Adriana Prieto, a 2 años de la muerte de Lydda, escribió: «Sé que pasó sus últimos días como ella lo hubiera deseado, se reunió con sus grandes amigos, con los que admiraba, pasó inmejorables días y comió hasta más no poder. ‘La Semana Internacional de la Poesía’ y el ‘Encuentro de Intelectuales y Artistas con el Proceso Bolivariano’ le permitió un lugar de encuentro y de alegrías».

De Poemas circunstanciales (1965)

No nací para ocupar un espacio y nada más.
Ignoro cuál será mi participación.
Me tocó ser mujer y no me quejo,
me tocó caer en la humedad del tiempo,
en la inhóspita sequedad de los caminos
pero aquí me quedo
entre escombros y desperdicios.
Destruyan mi epidermis resentida,
despedacen mis sueños, mi alegría,
aniquílenme
mas no pretendan sancionarme
porque un día aparecí sobre la tierra
y tuve voz y grité
y tuve fronteras y no quise despertar sin ellas
y tuve armas y allí están
perfiladas, inmóviles, ariscas.

De Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada (1994)

con la debida circunspección
digo que tengo sed y que me turba
el alfabeto solar de esta ciudad
cuesta burlar las ordenanzas
pero bastaría con ser desdeñosos
fabricar un caballo de reciclada certidumbre
entrar a saco por la puerta trasera
donde los filisteos ejercitan el estiramiento
la sorpresa abanica la hirviente moneda
el mando se desdobla en estertores
cuando ya es tarde para pulir el arcabuz
la metamorfosis instala el contrapunto
otrora vacío odre
repujada estación para comenzar

De UNA (1998)

«De viento a miseria»

yo rita gonzález a sus órdenes
secretaria y coleccionista de amantes
empezando por mi jefe (según él)
gerente pulcro y casado buenamente
con hijos que algún día
administrarán empresas
de pompas fúnebres
soy toda derrape (según él)
según él debo recurrir al psiquiatra
desmontarle mis extravíos
mis innúmeras metidas de pata
(el tedio y el terror son otra cosa)
(la ternura no cuenta para nada)
respetable ciudadano (mi jefe)
me interceptó el destino
contrató espías
que registraban paso a paso
rutinas de alcoba
mi rotulada satisfacción (según él/según ellos)
me persuadió (todo jefe es persuasivo)
a solicitar ayuda especializada (daban ganas de pegarle)
obediente (toda secretaria es obediente)
acudí a las citas del susodicho
según él (el psiquiatra)
debía poner coto a mis desmesurados apetitos
eroticida (todo psiquiatra es eroticida)
recomendó extirpar el punto neurálgico de mis desazones
yo rita gonzález asalariada
que llego puntualmente a la oficina
sonrío debidamente a la clientela
transcribo con prontitud los serios trasuntos del dictado
mecanografío cartas de de importancia
y otras menos importantes
respondo al teléfono como un perrito de pavlov
ordeno los archivos
pongo al día la agenda
complaciente en todo con el jefe
se diría que soy persona normal
a no ser por un anuncio de prensa
(la prensa siempre tan objetiva)
donde rita gonzález ofrece
gratuitamente sus servicios
su cama siempre presta
a cada rato
un río de extraños pulsa el timbre del apartamento
y me desespero
(hasta la más puta tiene momentos de reposo y dignidad)
entonces pienso que es hora de poner punto final
al último dictado (dictadura)
al complot organizado por mi jefe
en complicidad con el psiquiatra y cofrades de sátiros infames
contra rita gonzález
más solitaria que nunca
decido mi último acto soberano
LANZARME DEL DÉCIMO PISO
ahí les dejo mi cuerpo
causante de desórdenes privados y públicos
(también la publicidad se alimenta de pequeños escándalos
como los de rita gonzález)
ahí le dejo el cuerpo de rita gonzález
desmembrado sobre el pavimento
para que se lo repartan los buitres

* * ***

mientras dormía me crecieron alas
al principio ni yo misma lo creí
hice cálculos sobre las ventajas y desventajas
de este suceso inesperado
decidí ensayar un vuelo corto
tropecé contra los vidrios de las ventanas
no me di por vencida
llegué a libélula
fui uno que otro pájaro
ave de rapiña
mi ambición no tuvo fronteras
fui escalando jerarquías hasta agotarlas todas
ahora soy un ángel
y me aburro


 
 

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