por
Berta99
@ 05/12/2006 - 05:04:36 pm
Por «diálogo» entiende el DRAE (2001) «Plática entre dos o más personas, que alternativamente expresan sus ideas o afectos... Discusión o trato en busca de avenencia». Por «negociación» entiende la «Acción y efecto de negociar. Der. Tratos dirigidos a la conclusión de un convenio o pacto». Bajo la entrada «negociar», que es la acción de «negociación», dice el mismo DRAE «tr. Ajustar el traspaso, cesión o endoso de un vale, de un efecto o de una letra. 2. Descontar valores. 3. intr. Tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercancÃas o valores para aumentar el caudal. 4. Tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro. 5. Tratar por la vÃa diplomática, de potencia a potencia, un asunto, como un tratado de alianza, de comercio, etc.». Bajo la entrada «negocio», que es acción y efecto de «negociar», dice «Ocupación, quehacer o trabajo. 2. Dependencia, pretensión, tratado o agencia. 3. Aquello que es objeto o materia de una ocupación lucrativa o de interés. 4. Acción y efecto de negociar. 5. Utilidad o interés que se logra en lo que se trata, comercia o pretende... ».
Cuando buscamos ambas palabras en el Diccionario de Uso del Español, de MarÃa Moliner, pasa lo siguiente: con la palabra «diálogo» o «dialogar» y otras derivadas se nos manda a otra palabra, «dialéctico»; cuando buscamos «negociación» o «negociar» la encontramos junto con «negociable», «negociado», «negociador» y se nos remite a otra palabra, bien sustantiva ella, «negocio». Dice la Moliner bajo «dialéctico» que viene del griego «dialegomai, discutir. De la argumentación o la discusión. 2. Arte de razonar. 3. Arte de discutir o argumentar con discursos». Sobre «negocio» dice que viene del latÃn «negotium, derivado negativo de otium, ocio. 1. Cualquier ocupación, empleo o trabajo. 2. Cualquier actividad relacionada con la compra y venta de cosas, en que se persigue una ganancia. 3. Cualquier cosa de que se obtiene provecho o ventaja... ».
Se trata de dos palabras clave en el acontecer polÃtico de nuestro paÃs. Hoy todos los venezolanos estamos entre dos palabras, «diálogo» o «negocio». Ambas representan dos maneras bien diferentes de entender y hacer polÃtica. De un lado está el diálogo propuesto por el gobierno, como representación e idea de la democracia; de otro lado está la negociación (o como dice la Moliner, el negocio), propuesto por la oposición como representación e idea de la democracia.
De lo que se trata desde el diálogo, y con la mediación de César Gaviria, es de discutir, idear y razonar cuál es el paÃs que queremos, para quién lo queremos y cómo vamos a utilizar sus recursos (y que como proyecto y acción está contenido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela). El gobierno llama a la oposición para esa discusión, para lograr acuerdos, a través de la discusión, en torno a las ideas de paÃs.
Pero esta oposición (que definitivamente no nos merecemos los venezolanos) no utiliza la palabra diálogo, sino que utiliza la palabra negociación. Ese sólo hecho nos permite decir que no está interesada, esa oposición, en las ideas (y han hecho gala de su carencia de las mismas); no están interesados en discutir, en razonar, acerca de los mejores caminos para nuestro paÃs. Su interés fundamental, y asà lo dicen cada vez que llaman «Mesa de negociación» a la «Mesa de diálogo», es entonces el negocio. ¿Cuál negocio? Pues el mismo que siempre tuvieron mientras fueron gobierno: el paÃs. El paÃs como negocio es el gran logro «polÃtico» que pueden mostrar mientras fueron gobierno, a través de las trampas, los «negocios sucios» y la repartición (no sin refriegas entre ellos) de la riqueza o los dineros del Estado entre los que formaron la clase polÃtica y la clase económica. Si de algo nos hemos librado, por ahora y espero que para siempre, es de que nos vendan el paÃs. Porque negocio es comprar o vender cosas (un paÃs o una parte de él, por ejemplo) con la finalidad de tener una ganancia, un provecho o una ventaja.
Pero ¿cuál paÃs? ¿Qué entiende la oposición por paÃs? Por un lado la posibilidad de negociar con lo que suponen que les pertenece, y hablamos de tierras, de recursos naturales renovables y no renovables, educación, salud, y pare usted de contar. Pero también el paÃs es la gente, las personas que lo habitan. Y sobre las personas han sido, también, bastante claros. La oposición ha dividido a las personas de nuestro paÃs en dos grupos bien diferenciados: el que denominan «sociedad civil» y está formado por la oposición misma, y «los otros». La idea sobre «los otros» ha sido también expresada con claridad por la oposición; palabras como «tierruo», «negros», «monos», «indios», «violentos», son denominaciones habituales dirigidas al 80% o más de las personas que habitamos este paÃs. Esta idea de la oposición acerca de la mayorÃa de los venezolanos quedó perfectamente aclarada por un editorial de uno sus periódicos (El Nacional, al cual serÃa mejor denominar El Nazianal) en octubre de este año. La idea de paÃs que tiene la oposición, expresada en ese editorial, es todavÃa más reducida, más excluyente. Es del «interior» o la «provincia» de donde proviene el «lumpen» que el gobierno lleva a Caracas («comprados con un bollo de pan y una carterita de ron», o sea que también somos unos muertos de hambre y unos borrachos) para responder, según ese editorial, «a las preocupaciones de la sociedad venezolana sobre la grave crisis que vivimos». ¿Quién es la sociedad venezolana? ¿Quién el paÃs? Para la oposición el paÃs es la «sociedad civil», que no está precisamente en el «interior» o la «provincia» (ya que allà lo que hay es lumpen, «el mismo de siempre», además), sino Caracas y por supuesto una parte de ella (quizá la plaza Francia en Altamira y algún otro pedazo de territorio en el cual la oposición pernocta para hacer negocios en (o con) Venezuela, porque su paÃs en realidad es otro, algo asà como ParÃs, Madrid, o New York, o Miami).
Y es que como decÃa Cabrujas «Oposición en Venezuela es decir lo contrario de lo que dice el gobierno... Nada hay en ese mundo más previsible que un discurso de la oposición. Un discurso de la oposición es un casete previamente grabado. Se trata de una oposición ‘programada’ como una Apple II... La oposición aguarda en la bajadita... ¿Hasta cuando le vamos a permitir a la oposición ese ritual canónico, inexorable, que le impide hacer verdadera polÃtica? ».
Berta Vega
En Maracaibo, diciembre de 2002